¿Para qué sirven las elecciones?
25 June 2016

Hay un argumento liberal que dice que votamos para que el Estado refleje las preferencias de la población. Las acciones implementadas por el gobierno deben reflejar lo que los pasivos de las políticas desean y con ese fin escogemos regularmente a un nuevo gobierno que ejecute los deseos de la mayoría. El problema es que este argumento nos dice qué hacen las elecciones pero no aporta nada sobre por qué el gobierno decide, cada cierto tiempo, consultar a la ciudadanía. Curiosamente, tampoco nos dice qué hace a las elecciones diferentes de, por ejemplo, una encuesta, más allá un argumento no demasiado convincente sobre la legitimidad y una noción casi circular sobre participación y representación.

Quizás en esto tengo una visión cínica y por eso encuentro más razonable un argumento con cierto eco gramsciano en el que las elecciones son herramientas de procesamiento del conflicto. Y cuando digo conflicto me refiero a su forma más primitiva y clara: la violencia.

Las guías teóricas aquí son dos. Por una parte, la noción de que las elecciones son un mecanismos de señalización del poder relativo de cada una de las facciones sociales, y por tanto una forma de lograr que la capacidad de movilizar la violencia y el control de los insturmentos del Estado estén sincronizados. Por otra, una visión más minimalista en el que las elecciones son un mero instrumento de aleatorización que garantiza que, cada cierto tiempo, la oposición estará en el gobierno y por tanto le ofrece incentivos a esperar y no rebelarse contra el incumbent cuando sea derrotada en las urnas.

Hubo un tiempo en el que consideraba que estos marcos conceptuales eran clarificadores únicamente para casos que vivían en el filo de una transición política bien hacia la democracia, bien hacia la dictadura. Cada elección, o incluso la ausencia de elecciones, eran por tanto demostraciones de poder una mayoría frente una minoría en el que los segundos valoraban si realmente merecía la pena cambiar las barricadas por los votos (las piedras de papel de Engels). Sin embargo, hoy, justo antes de unas elecciones marcadas por la desafección política y la polarización, mi cabeza se ha dirigido en esa dirección, quizás como recordatorio de que los sistemas políticos son muy frágiles y de que realmente tenemos infinita fortuna de vivir en un mundo en el que la sombra de la violencia parece estar cada vez más lejos.