Hackers, datos y civismo
29 November 2014

En las últimas semanas he vuelto, de una u otra forma, a pensar sobre los datathons (hackathons especializados en la explotación de datos) como laboratorios de ideas y en su utilidad para mejorar las políticas públicas urbanas y la interacción entre ciudadanía y policy makers. Las iniciativas que he visto recientemente tienen una vocación de permanencia diferente a la de los eventos puntuales, como el muy celebrado Apps for Democracy, pero están imbuidos, si es que no acentúan, el mismo optimismo que ha venido caracterizando a toda la revolución de los datos. Por fortuna, estas propuestas de más larga duración facilitan el desarrollo de proyectos más audaces, más detallados y también con una más clara posibilidad de enfrentarse al largo plazo, que es una de las mayores debilidades de eventos muy intensivos que intentan funcionar como tormenta de ideas.

Parece claro que la parte más atractiva de una datathon, pensando desde la perspectiva del policy maker1 es la posibilidad de observar proyectos viables desarrollados con participantes muy cualificados y familiarizados con la frontera tecnológica a un coste casi irrisorio2. De ahí que me resulte extraño que no se organicen más.

Por otra parte, hemos acumulado experiencia en los últimos años como para tener expectativas realistas sobre qué esperar de ellos. Como señala Anthony Townsend en Smart Cities, un problema recurrente es que los datathon muchas veces intentan solucionar problemas que no son prioridades para el policy maker o incluso para organizaciones cívicas con más experiencia en el campo. No es de extrañar que la falta de expertise sustantiva acabe siendo un lastre. Al fin y al cabo, los datos solo cuentan historias que son útiles para el policy maker cuando son puestos en un contexto3, y no se basan en un conocimiento superficial y accidental. Eso también explica el ligero adanismo en algunos de proyectos que asoman en repetidas ocasiones con solo menores diferencias. Con un mercado tan amplio y tan poco tiempo para desarrollar una idea es muy difícil ser original y no ir a por la low-hanging fruit en la que todos hemos pensado en alguna ocasión.

Sin embargo, la mayor dificultad es que, por su propia naturaleza, y a no ser que el evento cuente con una participación activa de la institución que debería ser la destinataria de los proyectos finales, lo más probable es que la idea final, incluso si es original y relevante, caiga en el olvido. De nada vale un proyecto que no es capaz de traer al policy maker a bordo, y para eso quizás lo más sencillo sea involucrarlo en la organización, en lugar de simplemente presentarle los resultados.

  1. Cosa diferente son las iniciativas que intentan mejorar la rendición de cuentas, que ponen los datos disponibles en un formato en que la intepretación mejore el control de los políticos. 

  2. La mayor parte de los hackathon ofrecen casi como única recompensa la oportunidad de exhibirse ante los pares. 

  3. Lo llamo contexto pero lo quiero llamar teoría